Tengo amantes a puñados, aventuras desmedidas
a las que nunca podré renunciar.
Las veo con discreción y no se lo cuento a nadie.
Guardo tan bien mi secreto
que ni ellas mismas lo saben.
Entre mis favoritas, una islandesa
pálida como el hielo y su caricia,
que recorre mi deseo susurrando
con su voz alegre de niña
que a veces parece cansada al final de una frase
y siempre resplandece pese a venir de tan hondo.
También frecuento a dos negras yanquis,
que son puro vicio afroamericano.
La más joven es Lauryn, una guerrera
que cuando se pone dulce y asoma el alma,
sabe detener en su garganta el mundo,
y de su garganta brota, esplendoroso,
todo lo bueno que en él existe.
La mayor, Sarah, me hipnotiza
con la calidez jazzy en la que envuelve palabras,
y me pierdo en el abismo que se abre
entre sus graves de hombre y sus agudos de pájaro.
Ciertos días prefiero
a una portuguesa que conocí en Oporto
y su fado triste que ella hace vibrar hasta convertirlo en llanto,
y su llanto triste que ella hace vibrar hasta que el dolor mismo
es el que llora en su nombre.
Por no hablar de las de aquí:
hay una, de San Pablo,
que debió tragarse de niña el cierzo entero,
y al cantar lo libera y golpea tu rostro
como se golpean las dos valvas de las castañuelas.
A la otra, a la de Delicias,
sencillamente voy a encadenarle
las cuerdas vocales a la pata de mi cama.
Autor: Satine
Fecha: 26/12/2006 23:45.
Autor: Marcos
Fecha: 27/12/2006 01:21.
Autor: Yoli
Fecha: 27/12/2006 08:12.
Autor: Marcos
Fecha: 27/12/2006 13:54.
Autor: Yoli
Fecha: 27/12/2006 21:12.
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