A su llegada a Pekín, lo que más sorprendió a Elba fue que algunas personas anduvieran por el parque con un pájaro enjaulado a cuestas. Por mucho que se tratara de una mascota, como un perro, no le terminaba de encontrar el sentido. Al fin y al cabo, el ave seguía encerrada entre barrotes. Además, no se veían otros animales, ¿por qué no serpientes, tortugas o hamsters? Meses después, Elba había aprendido el suficiente chino como para acercarse a un paseante y resolver el misterio. Era un hombre mayor que caminaba serenamente, en compañía de su canario. "¿Para qué va a ser?", le contestó, ofendido por una pregunta tan tonta. Pero al mirar de nuevo a los ojos de la chica y darse cuenta de que realmente no lo sabía, sonrió y se lo explicó amablemente: "Así oye a otros pájaros y luego en casa canta mejor".
Autor: pilar
Fecha: 08/09/2009 16:32.
Autor: Marcos
Fecha: 08/09/2009 17:54.
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