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Entrevista a José Manuel Ayuda

José Manuel Ayuda es el propietario del parque de ocio Tardienta-Monegros. Excéntrico y polifacético, es monitor de vuelo, inventor, domador de camellos y, en su tiempo de ocio, violinista. Fue el primero en apostar por el turismo en el desierto monegrino.

Entrevista aparecida en Heraldo de Aragón el 18 de febrero de 2006.

"HAY MÁS SURREALISMO EN LOS MONEGROS QUE EN MUCHAS PELÍCULAS DE LUIS BUÑUEL"

¿Qué es más difícil: volar, domar un camello o tocar el violín?

Domar un camello. Para montarme la primera vez tuve que subirme a una valla y lanzarme sobre él.

En 'Lawrence de Arabia' se agachaban ellos.

Ya he conseguido que lo hagan. Lo que es totalmente imposible es que dejen de escupir.

¿Le molesta que le llamen friqui?

Claro que no. Hay gente que viene a verme y después se van a la catedral de chatarra del anuncio de refrescos. Molestarme sería negar la evidencia.

Su complejo turístico ha aparecido en el cine y en catálogos de moda. ¿De qué se enorgullece más?

De la película X que rodó en él la productora Private.

¿Un Marina D'Or a la aragonesa?

La ciudad de vacaciones es un concepto turístico demasiado comercial. Esto es puro surrealismo monegrino.

Así que los Monegros son surrealistas.

Más que las películas de Luis Buñuel. Hay un señor en Alcubierre que ha sido secuestrado dos veces por los ovnis y una por la CIA.

¿Lo cree de veras?

No me extrañaría. Este verano se celebró aquí la última edición de un conocido evento en el que participan artistas venidos de todo el mundo. Convivieron en los Monegros durante una semana y construyeron una pista de aterrizaje para platillos volantes.

Como si lo viera: acudieron a estrenarla unos extraterrestres.

No, pero de haberlo hecho, hoy estaríamos en plena guerra de las galaxias, porque la pista era desastrosa. Se la habrían pegado seguro, por muy avanzada que fuera su tecnología.

La Guardia Civil debe visitarle con frecuencia...

Por supuesto.

¿El roce hace el cariño?

No crea. Y con los políticos tampoco.

¿Y eso?

Una vez casi atropello al subdelegado del Gobierno en Huesca con un vehículo de mi invención que iba cargado de romanos.

Disculpe, pero no entiendo.

Paseaba por el desierto a un grupo de chicos que estaban de despedida de soltero, disfrazados de romanos. Vimos a lo lejos a dos personas y quisimos hacer la gracia de asustarles. No me di cuenta de que eran el ex subdelegado del Gobierno en Huesca, Ángel Fernández, y un responsable de Hacienda.

Y la excomunión, ¿para cuando?

En otra ocasión estaba en la jaima que regento, bebiendo té con un grupo de mujeres de un club de golf. Estábamos tirados por el suelo, relajados, y alguien dijo que venía el obispo. Nos lo tomamos a broma y, mientras nos partíamos de la risa, entró el ex vicario de la Diócesis de Huesca, Javier Osés, que en paz descanse.

¿Se lo tomó bien?

Sí, de hecho no quiso subir en el vehículo que he nombrado anteriormente porque estaba presente un periodista. Era un hombre discreto.

¿Cree que todavía hay conceptos turísticos por inventar?

Seguro, el problema es que la sociedad es decadente y está aburguesada.

¿Se siente incomprendido?

El escultor Ángel Orensanz me decía que qué hacía yo en los Monegros, que me fuera a Nueva York.

¿Y cree que tenía razón?

En momentos de desánimo, pienso que sí.

¿En Aragón se valora el espíritu emprendedor?

Hay quien sí lo hace. Yo creo que el problema está en la burocracia.

Se rumorea que su próxima aventura empresarial será en el extranjero.

Sí, tal vez en Argentina.

 

París

La primera vez que te vi, no te vi;
tu impacto fue tan intenso
que no supe interpretarte.

La segunda vez abriste tu belleza
y yo estaba listo para tomarla
con toda la avaricia del mundo.

El último viaje parecía
el regreso calmo de tu memoria.
Tú, sin embargo, quisiste darme
el instante más feliz de mi vida.

Rumanos

Éste fue el primer artículo de opinión que publiqué. Apareció en Heraldo de Aragón el 13 de octubre de 2002.

Cioran y Petre, rumanos

Cuando escucho ’Rumanía’ se me aparecen miles de imágenes. Entre ellas, sobresalen dos nombres propios: Emile Cioran y Mircea Eliade. El primero me entregó en sus páginas un punto de vista diferente y muy útil sobre algunos conceptos vitales; el segundo me brindó una gran historia, ’La noche de San Juan’. El país tiene otros hijos reseñables, como Gica Hagi, aquel espléndido futbolista que deslumbró en el Mundial de Italia y que, a partir de entonces, fue conocido como el ’Maradona de los Cárpatos’; o Drácula, cuya mítica historia, recreada por Bram Stoker, supo reflejar el mago Ford Coppola en todo su romanticismo. Rumanía me suena a lugar de leyenda, con hermosos nombres de ciudades -’Bucuresti’, ’Craiova’- y con hermosos nombres de personas -’Petre’, ’Ileana’-. La pena es que, para otros, este país está empezando a sugerir cosas más desagradables.
Zaragoza ha acogido -¿acogido?- en muy poco tiempo a una numerosa colonia de rumanos, que viven en la miseria y han debido emigrar para buscar un pan que en su tierra no encontraron. Unos serán buenas personas, otros tendrán defectos como los que algunos de aquí también tenemos, igual que los vecinos de arriba y los de abajo. Y me desagrada que en ciertas bocas la palabra ’rumano’ empiece a sonar como un insulto.
Un país -cualquiera- resulta hermoso si hermosos son los ojos, y no creo que la niña que tiende la mano y nos desea suerte, con el acento de una lengua lejana y muy cercana al mismo tiempo, y preciosa, represente la identidad de ningún pueblo. Es más justo, pienso, que sean Cioran, Hagi o Drácula los que nos vengan a la memoria, y no Petre, que nos limpia el parabrisas, o Ileana, que finge una enfermedad.

Enamorarse

Yo diría que enamorarse

es cuando alguien de pronto despierta

tus instintos más bajos -el sexo-

y los más altos -la poesía, el sexo-.

Oporto

Oporto: calles sucias que dan a Duero,

noche húmeda y espesa de Vila Nova de Gaia,

ahora que soy vuestro y me arrastro

como un ser que fue derrotado por la vida,

oigo vuestro lamento dulce y lo hago mío,

porque mío es y me recorre

como los barcos de madera las aguas opacas

que vienen a morir a vuestros brazos frágiles.

 

Patria del que todo lo perdió

y se deja llevar por la muerte,

mi corazón os mira con aprecio

mientras se hunde en vuestro fango implacable.

 

Sólo el valiente lo pierde todo

y toma la senda del exilio

sin despedirse de aquellos que observan

una miseria que no les preocupa.

 

Pero es suya también,

y aunque la brisa de Oporto calle,

lo sabe y llora de nuevo sin que la vean

y no hay estrellas ya que alumbren las casas.

 

La noche atlántica se posa

en la ciudad dormida

y parece diluirla para siempre.

Entrevista a Jordi Esteva

Artículo aparecido en Qué! (edición Zaragoza) el 18 de octubre de 2006.

Un libro de viajes azotado por los vientos monzones

JORDI ESTEVA PRESENTA EN ZARAGOZA 'LOS ÁRABES DEL MAR'

El mar... y el viaje. Jordi Esteva ha elegido para su último libro dos argumentos tentadores. Su obra corresponde con la búsqueda "de los últimos mercaderes árabes que surcaban el Índico con sus veleros, impulsados por los monzones", señala. Unos comerciantes gracias a los cuales se instauró toda una civilización. Pero más allá, su historia surge, como él explica, "de la memoria de infancia, de los sueños de Simbad, de sus aventuras y naufragios". Pero ‘El mar de los árabes’ también es una puesta en valor de una cultura, el Islam, muy denostada en nuestros días. "En mi viaje encontré un pueblo muy tradicional, pero en absoluto fanático, ya que se trataba de gente de mar, abierta y en contacto con otros pueblos", indica.

Desde el Nilo Blanco al puerto de Zanzíbar

En la obra, el autor recorre las noches de Jartum, la perezosa Port Sudán o las ciudades fantasma de Moca o Qalhat, hasta los puertos africanos que dan al Índico.

Naves mecidas por los monzones

Los comerciantes árabes aprovechaban para sus viajes el monzón, ya fuera en una dirección para partir y, unos meses después, en la otra para regresar.

Una cultura que murió a mediados de siglo XX

El comercio árabe por el Índico se inició antes incluso que surgiera el Islam y murió con la cultura tecno-moderna que se impuso definitivamente a mediados del siglo XX.

Nostalgia de un mundo que se acabó

"Sin embargo, hoy los nietos de aquellos comerciantes vuelven a estar interesados en aquellas historias", señala Esteva.

Corazón

Sólo el corazón sabe

cuándo tiene que latir.

Aptitudes

La palidez es cálida

en el amor,

pero nadie se mueve como una africana.

Palabras...

Si a 'erizar' le quitas la 'e'

significa exactamente lo contrario.

 

Bien lo saben los cabellos.

 

Mi pregunta es:

¿se podrá erizar el erizo?

Spain

Al aire del país de la picaresca sólo le faltaba

contaminarse del espíritu competitivo anglosajón

para ser definitivamente irrespirable.

 

Aludimos a la tradición con el toro de Osborne

y olvidamos que una vez fuimos mediterráneos

no sólo por el aceite de oliva.

Almozara

Mi infancia se llama Almozara,

calle Batalla de Bailén,

río Ebro, Puerta Sancho,

Aragón Park, Amsterdam,

número seis, octavo 'C'.

Amor

No esperes que te regale flores muertas,

lo que haré es plantar una en tu jardín

para que la cuidemos.

Filosofía de vida

La muerte es el horizonte hacia el que cabalgo,

libre y sonriente.

Deshielo

Iremos a Echo con el deshielo,

cuando el agua fluye montaña abajo

violenta, en un sinfín de cascadas.

 

Entraremos en Siresa

y te contaré las leyendas de mi modesto reino.

Recuerdo

El recuerdo es una foto en blanco y negro

a la que se le va subiendo el contraste.

Día de Reyes

Abro los ojos, me duele la cabeza,

arranco mi piel de la piel dormida de la mujer cocodrilo,

me visto con la ropa del suelo,

compro el periódico, tomo un café,

entro en Santa María del Mar.

 

Pienso que mataría

por más mañanas como ésta.

Noche de Reyes

Sigo una estrella de la suerte.

Pronto sabré dónde me lleva.

Ahora

Ahora que yaces en un charco de esfuerzo

junto a mi cuerpo rendido,

 

déjame contarte la historia

que me arrepentiré de contarte;

 

déjame escuchar esa historia

que guardabas para ti.

 

El rap, ¿aburrido?

Hace poco, alguien me preguntaba si el rap no me parecía aburrido.

Acabo de escuchar el último disco de The Roots: 'Game Theory'. Enorme, como tantos de sus anteriores trabajos.

Krush, un magnífico disc jockey japonés, decía en una entrevista que el hip-hop es el jazz de nuestro tiempo. Estoy de acuerdo, no sólo por las similitudes entre ambos géneros y su idéntica filiación -ambos hijos de África-, sino también por significar cada uno en su momento la propuesta más genuina e inteligente ante un panorama musical colapsado por la falta de ideas y la consiguiente repetitividad.

Y no. No me parece aburrido. Nunca me lo pareció y, últimamente, menos. 

Tengo amantes a puñados

Tengo amantes a puñados, aventuras desmedidas

a las que nunca podré renunciar.

 

Las veo con discreción y no se lo cuento a nadie.

Guardo tan bien mi secreto

que ni ellas mismas lo saben.

 

Entre mis favoritas, una islandesa

pálida como el hielo y su caricia,

que recorre mi deseo susurrando

con su voz alegre de niña

que a veces parece cansada al final de una frase

y siempre resplandece pese a venir de tan hondo.

 

También frecuento a dos negras yanquis,

que son puro vicio afroamericano.

La más joven es Lauryn, una guerrera

que cuando se pone dulce y asoma el alma,

sabe detener en su garganta el mundo,

y de su garganta brota, esplendoroso,

todo lo bueno que en él existe.

 

La mayor, Sarah, me hipnotiza

con la calidez jazzy en la que envuelve palabras,

y me pierdo en el abismo que se abre

entre sus graves de hombre y sus agudos de pájaro.

 

Ciertos días prefiero

a una portuguesa que conocí en Oporto

y su fado triste que ella hace vibrar hasta convertirlo en llanto,

y su llanto triste que ella hace vibrar hasta que el dolor mismo

es el que llora en su nombre.

 

Por no hablar de las de aquí:

hay una, de San Pablo,

que debió tragarse de niña el cierzo entero,

y al cantar lo libera y golpea tu rostro

como se golpean las dos valvas de las castañuelas.

 

A la otra, a la de Delicias,

sencillamente voy a encadenarle

las cuerdas vocales a la pata de mi cama.