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Ahora que yaces en un charco de esfuerzo
junto a mi cuerpo rendido,
déjame contarte la historia
que me arrepentiré de contarte;
déjame escuchar esa historia
que guardabas para ti.
Sigo una estrella de la suerte.
Pronto sabré dónde me lleva.
Abro los ojos, me duele la cabeza,
arranco mi piel de la piel dormida de la mujer cocodrilo,
me visto con la ropa del suelo,
compro el periódico, tomo un café,
entro en Santa María del Mar.
Pienso que mataría
por más mañanas como ésta.
El recuerdo es una foto en blanco y negro
a la que se le va subiendo el contraste.
Iremos a Echo con el deshielo,
cuando el agua fluye montaña abajo
violenta, en un sinfín de cascadas.
Entraremos en Siresa
y te contaré las leyendas de mi modesto reino.
La muerte es el horizonte hacia el que cabalgo,
libre y sonriente.
No esperes que te regale flores muertas,
lo que haré es plantar una en tu jardín
para que la cuidemos.
Mi infancia se llama Almozara,
calle Batalla de Bailén,
río Ebro, Puerta Sancho,
Aragón Park, Amsterdam,
número seis, octavo 'C'.
Al aire del país de la picaresca sólo le faltaba
contaminarse del espíritu competitivo anglosajón
para ser definitivamente irrespirable.
Aludimos a la tradición con el toro de Osborne
y olvidamos que una vez fuimos mediterráneos
no sólo por el aceite de oliva.
Si a 'erizar' le quitas la 'e'
significa exactamente lo contrario.
Bien lo saben los cabellos.
Mi pregunta es:
¿se podrá erizar el erizo?
La palidez es cálida
en el amor,
pero nadie se mueve como una africana.
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