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Sólo el corazón sabe
cuándo tiene que latir.
Artículo aparecido en Qué! (edición Zaragoza) el 18 de octubre de 2006.
Un libro de viajes azotado por los vientos monzones
JORDI ESTEVA PRESENTA EN ZARAGOZA 'LOS ÁRABES DEL MAR'
El mar... y el viaje. Jordi Esteva ha elegido para su último libro dos argumentos tentadores. Su obra corresponde con la búsqueda "de los últimos mercaderes árabes que surcaban el Índico con sus veleros, impulsados por los monzones", señala. Unos comerciantes gracias a los cuales se instauró toda una civilización. Pero más allá, su historia surge, como él explica, "de la memoria de infancia, de los sueños de Simbad, de sus aventuras y naufragios". Pero ‘El mar de los árabes’ también es una puesta en valor de una cultura, el Islam, muy denostada en nuestros días. "En mi viaje encontré un pueblo muy tradicional, pero en absoluto fanático, ya que se trataba de gente de mar, abierta y en contacto con otros pueblos", indica.
Desde el Nilo Blanco al puerto de Zanzíbar
En la obra, el autor recorre las noches de Jartum, la perezosa Port Sudán o las ciudades fantasma de Moca o Qalhat, hasta los puertos africanos que dan al Índico.
Naves mecidas por los monzones
Los comerciantes árabes aprovechaban para sus viajes el monzón, ya fuera en una dirección para partir y, unos meses después, en la otra para regresar.
Una cultura que murió a mediados de siglo XX
El comercio árabe por el Índico se inició antes incluso que surgiera el Islam y murió con la cultura tecno-moderna que se impuso definitivamente a mediados del siglo XX.
Nostalgia de un mundo que se acabó
"Sin embargo, hoy los nietos de aquellos comerciantes vuelven a estar interesados en aquellas historias", señala Esteva.
Oporto: calles sucias que dan a Duero,
noche húmeda y espesa de Vila Nova de Gaia,
ahora que soy vuestro y me arrastro
como un ser que fue derrotado por la vida,
oigo vuestro lamento dulce y lo hago mío,
porque mío es y me recorre
como los barcos de madera las aguas opacas
que vienen a morir a vuestros brazos frágiles.
Patria del que todo lo perdió
y se deja llevar por la muerte,
mi corazón os mira con aprecio
mientras se hunde en vuestro fango implacable.
Sólo el valiente lo pierde todo
y toma la senda del exilio
sin despedirse de aquellos que observan
una miseria que no les preocupa.
Pero es suya también,
y aunque la brisa de Oporto calle,
lo sabe y llora de nuevo sin que la vean
y no hay estrellas ya que alumbren las casas.
La noche atlántica se posa
en la ciudad dormida
y parece diluirla para siempre.
Yo diría que enamorarse
es cuando alguien de pronto despierta
tus instintos más bajos -el sexo-
y los más altos -la poesía, el sexo-.
Éste fue el primer artículo de opinión que publiqué. Apareció en Heraldo de Aragón el 13 de octubre de 2002.
Cioran y Petre, rumanos
Cuando escucho ’Rumanía’ se me aparecen miles de imágenes. Entre ellas, sobresalen dos nombres propios: Emile Cioran y Mircea Eliade. El primero me entregó en sus páginas un punto de vista diferente y muy útil sobre algunos conceptos vitales; el segundo me brindó una gran historia, ’La noche de San Juan’. El país tiene otros hijos reseñables, como Gica Hagi, aquel espléndido futbolista que deslumbró en el Mundial de Italia y que, a partir de entonces, fue conocido como el ’Maradona de los Cárpatos’; o Drácula, cuya mítica historia, recreada por Bram Stoker, supo reflejar el mago Ford Coppola en todo su romanticismo. Rumanía me suena a lugar de leyenda, con hermosos nombres de ciudades -’Bucuresti’, ’Craiova’- y con hermosos nombres de personas -’Petre’, ’Ileana’-. La pena es que, para otros, este país está empezando a sugerir cosas más desagradables.
Zaragoza ha acogido -¿acogido?- en muy poco tiempo a una numerosa colonia de rumanos, que viven en la miseria y han debido emigrar para buscar un pan que en su tierra no encontraron. Unos serán buenas personas, otros tendrán defectos como los que algunos de aquí también tenemos, igual que los vecinos de arriba y los de abajo. Y me desagrada que en ciertas bocas la palabra ’rumano’ empiece a sonar como un insulto.
Un país -cualquiera- resulta hermoso si hermosos son los ojos, y no creo que la niña que tiende la mano y nos desea suerte, con el acento de una lengua lejana y muy cercana al mismo tiempo, y preciosa, represente la identidad de ningún pueblo. Es más justo, pienso, que sean Cioran, Hagi o Drácula los que nos vengan a la memoria, y no Petre, que nos limpia el parabrisas, o Ileana, que finge una enfermedad.
José Manuel Ayuda es el propietario del parque de ocio Tardienta-Monegros. Excéntrico y polifacético, es monitor de vuelo, inventor, domador de camellos y, en su tiempo de ocio, violinista. Fue el primero en apostar por el turismo en el desierto monegrino.
Entrevista aparecida en Heraldo de Aragón el 18 de febrero de 2006.
"HAY MÁS SURREALISMO EN LOS MONEGROS QUE EN MUCHAS PELÍCULAS DE LUIS BUÑUEL"
¿Qué es más difícil: volar, domar un camello o tocar el violín?
Domar un camello. Para montarme la primera vez tuve que subirme a una valla y lanzarme sobre él.
En 'Lawrence de Arabia' se agachaban ellos.
Ya he conseguido que lo hagan. Lo que es totalmente imposible es que dejen de escupir.
¿Le molesta que le llamen friqui?
Claro que no. Hay gente que viene a verme y después se van a la catedral de chatarra del anuncio de refrescos. Molestarme sería negar la evidencia.
Su complejo turístico ha aparecido en el cine y en catálogos de moda. ¿De qué se enorgullece más?
De la película X que rodó en él la productora Private.
¿Un Marina D'Or a la aragonesa?
La ciudad de vacaciones es un concepto turístico demasiado comercial. Esto es puro surrealismo monegrino.
Así que los Monegros son surrealistas.
Más que las películas de Luis Buñuel. Hay un señor en Alcubierre que ha sido secuestrado dos veces por los ovnis y una por la CIA.
¿Lo cree de veras?
No me extrañaría. Este verano se celebró aquí la última edición de un conocido evento en el que participan artistas venidos de todo el mundo. Convivieron en los Monegros durante una semana y construyeron una pista de aterrizaje para platillos volantes.
Como si lo viera: acudieron a estrenarla unos extraterrestres.
No, pero de haberlo hecho, hoy estaríamos en plena guerra de las galaxias, porque la pista era desastrosa. Se la habrían pegado seguro, por muy avanzada que fuera su tecnología.
La Guardia Civil debe visitarle con frecuencia...
Por supuesto.
¿El roce hace el cariño?
No crea. Y con los políticos tampoco.
¿Y eso?
Una vez casi atropello al subdelegado del Gobierno en Huesca con un vehículo de mi invención que iba cargado de romanos.
Disculpe, pero no entiendo.
Paseaba por el desierto a un grupo de chicos que estaban de despedida de soltero, disfrazados de romanos. Vimos a lo lejos a dos personas y quisimos hacer la gracia de asustarles. No me di cuenta de que eran el ex subdelegado del Gobierno en Huesca, Ángel Fernández, y un responsable de Hacienda.
Y la excomunión, ¿para cuando?
En otra ocasión estaba en la jaima que regento, bebiendo té con un grupo de mujeres de un club de golf. Estábamos tirados por el suelo, relajados, y alguien dijo que venía el obispo. Nos lo tomamos a broma y, mientras nos partíamos de la risa, entró el ex vicario de la Diócesis de Huesca, Javier Osés, que en paz descanse.
¿Se lo tomó bien?
Sí, de hecho no quiso subir en el vehículo que he nombrado anteriormente porque estaba presente un periodista. Era un hombre discreto.
¿Cree que todavía hay conceptos turísticos por inventar?
Seguro, el problema es que la sociedad es decadente y está aburguesada.
¿Se siente incomprendido?
El escultor Ángel Orensanz me decía que qué hacía yo en los Monegros, que me fuera a Nueva York.
¿Y cree que tenía razón?
En momentos de desánimo, pienso que sí.
¿En Aragón se valora el espíritu emprendedor?
Hay quien sí lo hace. Yo creo que el problema está en la burocracia.
Se rumorea que su próxima aventura empresarial será en el extranjero.
Sí, tal vez en Argentina.
Si te invitan a un banquete,
da las gracias sólo cuando acabes de comer:
ya has demostrado aprecio con tu presencia
y al no apresurarte transmitirás
que eres sensato y honesto.
Eso si no te han echado antes
por beber a morro de las botellas.
Hace días que me siento en el compromiso de hablar sobre él. Porque le he criticado mucho, y me arrepiento. Suelo ser especialmente cruel con aquellos que despiertan mi interés al principio y luego me defraudan.
El primer disco de Macaco, 'El mono en el ojo del tigre', me pareció esperanzador, y empecé a pensar que en este país todavía se podía hacer música interesante fuera del Hip Hop -no nos engañemos, es el único estilo en el que se palpa la ebullición de ideas, y los Violadores, la Mala Rodrígez y la Excepción son claros ejemplos de que la cosa, en ese barrio, marcha bien-.
Pero es que el 'Rumbo submarino' tiene tela. Efectista, forzado al extremo... parecía hecho exclusivamente para aprovechar el tirón. Con 'Raíces y antenas' la cosa mejoró un poco, sobre todo gracias al single 'Giratuto', en el que ya se adivina qué va a venir después.
Y, por fin, 'Ingravitto'. Este sí un disco soberbio, con grandes temas salidos de lo más hondo, sinceros, comprometidos -estemos o no de acuerdo- y valientes.
Macaco, que parecía haberse perdido en esa nebulosa vacua en la que caen tantos, ha remontado el vuelo con dignidad y es hoy, en mi humilde opinión, el ejemplo a seguir para grupos como Ojos de Brujo -su 'Techarí' no aporta nada, parece que se les han acabado esas buenas ideas de sus dos primeros discos-. A otro nivel, no estaría mal que también aprendiera de él Manu Chao, que tras ese monumento indispensable que es 'Clandestino', decepcionó a demasiada gente con 'Próxima estación, Esperanza'.
Macaco es hoy la respuesta. Bravo.
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