Bitácora del periodista Marcos Español Sicart

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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2008.

Resumen

Desierto de Libia

Tú me hablas del desierto,

del calor ardiente de su arena,

de un paisaje arrasado y hermoso

que las guerras llenaron de minas.

 

Yo, que nunca he estado,

te miro en silencio, sorprendido

porque apenas nos conocemos

y estás definiendo mi alma.

 

Te miro, detrás de una sonrisa

y busco en tus ojos esta sed

de sol radiante que nos ciegue.

04/07/2008 17:37 Autor: Marcos Español Sicart. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Torre del Agua

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04/07/2008 21:10 Autor: Marcos Español Sicart. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Un honor, Sergio

Qué suerte compartir con Sergio Algora unos pocos momentos, en los últimos años. Escucharle, aprender, colarme detrás de la barra de su bar para mirar sus discos.

Nuestro primer contacto fue por el periódico, eso es lo bueno que tiene esta profesión, pero la primera vez que me senté a hablar con él fue una noche, en el Pastís. Yo venía de ver camellos en los Monegros, con una chica, inocente y descarado como siempre. Él se mostró como se mostraría a partir de entonces: más bien serio, con sonrisas esporádicas que encerraban conocimiento y comprensión, también melancolía, y un sentido del humor magnífico, inteligente y sensible.

Hoy, en mi móvil, he encontrado una foto que tiré en su bar, hace menos de un mes, y aparece él en segundo plano. Busco los recuerdos de esa noche, la última vez que le vi. Y son buenos, entre amigos, distendidos y riéndonos de todo. Él no tanto, pero sí animado. A cierta hora nos echó del local porque quería cerrar.

No he encontrado a muchas personas que merezca la pena conocer. Él era una de ellas.

10/07/2008 13:39 Autor: Marcos Español Sicart. ;?> Hay 2 comentarios.

Youssou N'Dour y la música

Si un marciano llegara a la Tierra y me preguntara qué es la música, le llevaría a un concierto de Youssou N’Dour.

Vi al músico el viernes pasado en el Anfiteatro de la Expo y el espectáculo fue, como acostumbra el senegalés, soberbio. En esta ocasión fue más emocionante todavía debido a que se trataba de un público atípico, en el que la gran mayoría no estaba allí sólo para verle, sino que visitaban la muestra y decidieron quedarse al concierto, en muchos casos de chiripa.

Era, por eso también, un público variado: ancianos y niños, grupos de marujas, señores gordos con corbata junto a su familia. También africanos que trabajan en los pabellones y muchos inmigrantes que hicieron un esfuerzo y pagaron la entrada al recinto para ver a un músico que en su continente es una especie de dios.

No hace falta hablar de lo pegadizos que son los ritmos africanos, que invitaron a bailar rápidamente a los miles de personas que estaban de pie frente al escenario. Pero pocas veces un concierto se calienta tanto. Las marujas intentaban seguir a los inmigrantes, que se movían con soltura, el señor gordo con corbata se agitaba como un chaval y el anciano seguía el ritmo con el pie y sonreía como un niño, sin perder ojo a lo que ocurría sobre el escenario.

En las canciones más lentas, de esas cuya emoción pone la piel de gallina, la gente se cogía las manos los unos a los otros, sin importar la edad, la raza o el estado civil. Cuando el ritmo volvía a estallar, se formaban parejas improvisadas de baile con una naturalidad pasmosa.

No tengo ninguna duda de que algunos y algunas se enamoraron esa noche.

Yo, que cada vez más me da por pensar que ya lo he visto todo en lo que a conciertos se refiere, miraba sorprendido, en ese trance al que te somete la buena música, en ese túnel que conecta dentro y fuera con un tráfico fluido en ambos sentidos. Miraba y escuchaba, y cuando mi razón intentó etiquetar lo que estaba sonando, pensé en el blues y el soul. Pero, al instante, tuve que añadir el reggae, la salsa, la bossa nova, el rap. También el flamenco, el fado, incluso la jota. Todos esos géneros estaban ahí a la vez y los percibía de manera cristalina, como las múltiples caras que Siddharta vio en el río, todas y una al mismo tiempo.

Medité sobre África, una vez más, y me pareció que la música de N’Dour producía una sensación semejante a la que produce el cuero cuando lo acaricias. O la lana, o la madera. De algún modo, llevamos en los genes grabado todo lo que aportaron esos materiales a nuestros antepasados, todo el bien que les hicieron generación tras generación durante miles de años, lo que les enseño a amarlos.

Hoy que la mayor parte de la música comercial se ha plastificado y no suena a nada (de ahí que las canciones mueran tan pronto), Youssou N’Dour estaba demostrando lo cerca que se halla de conocer la esencia de la música. Esa que no tiene etiquetas y todos entienden y saben disfrutar, incluso sorprendiéndose a sí mismos de lo que les está pasando.

Cada vez creo menos en el ser humano, pero si intento enumerar las cosas buenas que ha creado, me viene muy rápido a la mente la música. Tan tonta si lo piensas, tan intangible y a la vez tan poderosa, que se parece tanto a la magia y puede hacer llorar o reir, fomentar el amor o la lucha, tranquilizar o animar los corazones.

Algo bueno debe de tener el hombre si ha sido capaz de inventar esto tan hermoso.

25/07/2008 23:44 Autor: Marcos Español Sicart. ;?> No hay comentarios. Comentar.

Jiahui

Jiahui, Jiahui... Intento pronunciar tu nombre en chino, tan difícil. Quiero lograr decirlo bien. En realidad es más parecido a 'tjiahué'. Me explicas que muy poca gente se llama así, que es una palabra bonita. Para mí, simplemente es extraña al principio.

Al principio, los temas de conversación parecen obligatorios: mi Expo, tus Olimpiadas, el catalán y el mandarín, el Tíbet, la presa de las Tres Gargantas.

Yo alabo el cine chino y tú la música latinoamericana. Dices que los japoneses son orgullosos y yo los comparo con los franceses.

Estamos sentados mirando al Ebro y tú, que naciste a orillas del Yangtsé, te ríes cuando te digo que es uno de los mayores ríos de España. Tu risa es lindísima. Yo me río de que no sepas nadar y de que te estén devorando los mosquitos.

Entonces me hablas, por fin, de ti. De tu pasión por el castellano, de tu rebeldía por elegirlo frente al inglés y conocer lugares tan lejanos de tu casa. Me hablas de tus padres, de tu vida, de tus sueños.

Jiahui, Jiahui, Jiahui. Cada vez pronuncio mejor tu nombre, ahora que sé más su significado, ahora que empiezo a entender qué significas tú.

En este mundo de fronteras, me encuentro contigo. Y lo que nos diferencia es muy poco frente a lo que nos une. Los dos amamos la misma lengua y hemos decidido dedicarnos a ella. Los dos luchamos por nuestros sueños. A los dos nos gusta el verde y el siete. Los dos nacimos en la ribera de un río. Los dos queremos aprender y sabemos sonreir.

Jiahui, Jiahui, Jiahui. Lo repito, a solas, como una oración, una vez tras otra, y cada vez me doy más cuenta de que tienes razón: Jiahui es un nombre precioso.

Es un nombre precioso porque detrás de él, de tus ojos rasgados, de la sorprendente delicadeza de tus gestos, de tu piel finísima que devoran los mosquitos, estás tú. Lo demás es sólo aderezo, la salsa exótica de un alma hermosa que se parece a la mía.

Jiahui, Jiahui, Jiahui. Lo repito con la ilusión de que cuanto más me acerque a pronunciarlo bien, más cerca estaré de ti.

 

31/07/2008 13:23 Autor: Marcos Español Sicart. ;?> Hay 2 comentarios.


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